domingo, 17 de enero de 2016

fascinación

De un tiempo a la fecha he notado que me fascina la gente joven. Se trate de chicos o chicas, mi admiración es asexual. El solo mirarlos me causa un placer irremplazable. Sus movimientos, gestos, esa fingida indiferencia ante todos y todo. Me gusta disfrutar de sus facciones, su piel lozana y fresca, los labios ligeramente humedecidos por la lengua. Tan perfectos, bellos y encantadores. 
Yo solo mirando, sin moverme, sosteniendo la respiración ante la maravilla. 
Como las alas de una preciosa mariposa aleteando delante de mis ojos en cámara lenta.
En particular, me gusta más aún cuando los miro y ellos vagan por el mundo sin saber lo hermosos que son, y lo son por muchas razones, una, mi favorita, quizás, es que lo son por toda esa juventud que cargan como si se tratase de cualquier cosa, toda esa energía. Sin darle casi ninguna importancia.
Como un pañuelo mal guardado en el bolsillo trasero del pantalón, la mitad de fuera, esperando a que algún extraño en un descuido te lo saque sin darte cuenta. De un jalón.
Si, de un tiempo a la fecha los prefiero jóvenes, se trate de chicos o chicas.
Me fascina mirarlos. Estén vivos o muertos. 

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